lunes, marzo 10, 2008



Hoy mi pluma viene a llorarles la historia de una sombra. De aquella que fue diablo en las esquinas del sol, y fue àngel en las noches de verano. Un profeta del carnaval de mi tierra y de la de ellos, los exiliados del corazòn.
A veces el tiempo se escapa entre latidos desorbitados y superficiales sonrisas de cartòn, a veces creemos que la vida es una calesita de colores, con sonidos y garabatos extrasensoriales... y peor aùn, que es eterna.
Y tal vez, mi cuerpo (al igual que el del profeta) se durmió bajo un cielo que me prometìa ser un prisma de colores y que terminò asesinando los sueños que se estrujaban por nacer en mis bolsillos.
Hoy tengo un vacìo enorme en el pecho, una ausencia que brota por las grietas del silencio y me hace llorar... Un nudo en la garganta que espanta las palabras, dejando a mi boca seca y las làgrimas sin sentido. (El cielo es injusto a veces...)
El horizonte se alejaba y mis pies aceleraban su paso... ya no era todo tan hermoso, la tormenta proponìa torbellinos y yo solo querìa esconderme bajo una cama y no volver a salir. Estamos en el umbral de lo pequeño y lo tridimensional (sujetè fuerte su mano pequeña, recordè una por una las noches en que, entre risas y bostezos, nos dormimos al compás de una canciòn de moda... y aùn asì, ¡aùn sujetándolo con fuerza! La maldita realidad me lo quitò). Una mueca de tristeza me invadio...
¿y ahora?.
Busquè desesperadamente al poeta... lo busquè en sus libros, en sus canciones, recordè una a una sus poesìas y las repetí de principio a fin. Nada. No sentìa ese estruendo en el cuerpo que me producía nuestro encuentro, no ahoguè mi dolor en su mochila de recuerdos. El poeta ya no estaba...
Hubiesen pagado fortunas, los que a ello se dedican, por oìr como mi cuerpo lloraba, cada àngulo, cada hueso... cada pequeño pedacito de carne. Rechinaban y se retorcían al ritmo en que mi corazón se desintegraba...
(Me duele la risa cuando rìo sin èl, me duele la mente cuando lo pienso... me sangran los brazos cuando acaricio el aire imaginándolo.)
Me sentì morir junto con èl.
El profeta tambièn lo hizo, tambièn sintió la muerte en su cuerpo vivo... sintió sus pies fallecer cuando el carnaval lo asesinò con sus plumas y lentejuelas... y se marchò. Se alejò con la murga del corazón hacia otra galaxia. Acà en el paìs de las calaveras sonrientes no se puede cantar con el sabor de una Revoluciòn. [Me lo contò un ciego, que oyò las suelas de sus zapatos en la acera. ]
Cuàndo creì que este ring era demasiado difícil para boxear y pensè que en este baile ya no quedaban pasos por exhibir, una manzana cayò del árbol... y se suicidò contra el césped verde esmeralda. Sì, justo cuando las papas quemaban. Y otra vez, aprender a vivir... hacièndome cargo de un árbol sin manzanas y de una vida sin un corazón. ¡y el poeta ya habìa escrito su adiós con un fino trazo! ¿quièn dibujarìa mis làgrimas con una metáfora empañada?¿Quièn me ofrecerìa una sonrisa sin pedir una mentira a cambio? . En ese instante, mi corazòn comenzò a latir con fuerza... Mi pulso se volviò un ping pong de saltos... y de repente, caì al piso inconsciente...
Al despertar, èl estaba allì... el poeta, .. el heròico dueño del carnaval. Solo que con otra piel, otra risa y hasta con otra voz. Sin embargo conservaba la tibieza de sus manos, el càlido aura que me envolvìa con el dulce sabor de los arrabales conquistados...
- La soledad deshizo los encantos de la espera... ¿Por què regresaste?
- Porque aunque anhelara con vehemencia alejarme, los piolines de mi destino se enlazan con tu silueta. ¿No los ves? envuelven tu piel de punta a punta.
-Esa es la respuesta màs sencilla... tu valija se hizo con la velocidad del viento y de un dìa para otro, me dejaste solo los restos de una poesìa inconclusa... ahora quiero ponerme de pie sin tu ayuda.
Sin màs gestos que una cabeza baja, se marchò...
El tiempo pasò, el agua corriò bajo el puente... los adornos en un viejo estante se llenaron de polvo y las hojas de un libro añejo se tiñeron de amarillo olvido. Es difìcil no caer en la desesperanza y creer que en esta vida no existen los colores alegres y que todo es gris. Pero siempre aparece un pintor con su paleta empapada en vida. Con temor, tomè su mano... y cerrando los ojos, me aventurè a su lado hacia lo desconocido. Dejarnos llevar, despuès de largos caminos de mochilas cansadas y pies espinados y cargando un pasado que se asemejaba en el sabor de las làgrimas, descubrì que sos el complemento necesario para sobrevivir. Sos la sonrisa que le faltaba a mis dìas, sos el sol que hacìa tiempo no salìa, sos la luna màs hermosa... Sos el pincel que plasmo en mis bastidores y la pluma que hace arte en mis escritos...
Sos la luz.

1 comentario:

Maria Cristina dijo...

tu post sale del alam en un matiz de sentimientos y sentires, abrazos