jueves, septiembre 13, 2007


Ahora que el sol vuelve a seducirme con su valentìa deseo escribir con el corazòn observando hacia el norte.
Tal vez sea un buen momento para confesar que siento sobre mis alas el poderoso soplido del viento y comienzo a abrazar con fervor los estrechos brazos de la libertad.
En la cima de aquel arbol añejo escondì la luz de mi propio amanecer para que èl tambièn pueda sentirse libre; Quizà imagine que es un pàjaro que traza con su vuelo el contorno de una hermosa amatista o tal vez sencillamente quiera conocer el impecable sabor de la eternidad.
Vivo este momento en que la noche demostrò no ser tan oscura y estar solo puede a veces no estar tan mal. Es verdad, necesito el calor de un amor para no morir de frìo pero me han demostrado que romper las jaulas con palabras no es sinònimo de hecharse a volar. Anhelo un amor que despliegue en su vuelo la ternura que necesito para no acribillar esta fragilidad.
Sin embargo y a pesar de este obligada soledad, mi corazòn late con fuerza como queriendo salir del pecho; siempre en esa direcciòn, siempre hacia el norte. Serà porque sabe que la Tierra Sagrada le regalarà un poquito de su paz cuando se deje arropar con dulzura sobre su vientre o porque sabe que la tristeza que cargamos tiene ese desagradable olor a ciudad.
Buscar la calma para poder sobrevivir y en ella hecharme a soñar.
Las làgrimas que de mis ojos cayeron sirvieron solo para regar este bendito suelo argentino
y ahora respiro imaginando su humedad de tantas almas apenadas...

Hacia el norte, SALUD.

2 comentarios:

Maria Cristina dijo...

Hay si hay que mirar el horizonte y levantar las alas por mucho que nos cueste volara veces, hermosisimo post querida Cata

Maria Cristina dijo...

tenes premios en casa